martes, 2 de mayo de 2017

Confesión del Viento.


Desde lo más simple se puede transmitir mucho. Esta canción:  "Confesión del Viento", con letra de Roberto Yacomuzzi y música de Juan Falú, me produce un montón de sensaciones y me parece brillante en su manera de plantear su mensaje. 

Recreando un diálogo íntimo, de confidencia, con algo tan cotidiano e imprescindible como lo es el viento, deja un aprendizaje dentro de la misma canción. Una confesión significa muchas veces una declaración que te hace reconciliarte con lo que sientes, con lo que te perturba. 
El viento, que puede ser desde una brisa paradisíaca hasta una peligrosa y mortal tormenta o tornado, aquí está personalizado como un ente penando, quebrado en un estado de depresión, y eso es muy simbólico e interesante.  La confesión de sus culpas, los elementos que describe y que repite dentro de su desahogo, que le fueron irreparables, con los que tiene que lidiar, por ser lo que es, "el viento", lo hacen sentirse devastado, como menciona la canción, como un fantasma, de la pena. 
En un climax de la canción, en la que se le pregunta al viento por los hombres, el viento responde en una especie de queja y crítica: 

“el hombre ha de luchar 
para conseguir los clavos 
en vez de hincarse a rezar 
para olvidar sus quebrantos 
o de sentarse a esperar 
regalos eleccionarios”

Y claro.. la canción te lleva a eso, porque si el propio viento, tiene que lidiar con sus culpas, con las cosas que no puede controlar o cambiar, porque nada es perfecto, porque lo malo inevitablemente sucede, entonces ¿quién es el hombre para estar esperando que las cosas le sucedan por una "gracia divina"?  Es una onda:  "Uuuff con tantos problemas que tengo yo siendo el viento, que no jodan los hombres esperando que las cosas le caigan del cielo, aguardando por milagros o "regalos eleccionarios". 
Ante eso, dentro de la misma canción, no hay respuesta para el viento, porque evidentemente, él, con su sabiduría, tiene toda la razón: 


Me sorprendió la respuesta 
pero no quise atajarlo, 
pues cuando lleva razón 
vaya!, vaya quién quiere pararlo!


Es un texto muy sugerente, con un lenguaje simple y directo. La repetición, el juego con los elementos que se describen, las acciones, los momentos y las palabras se van mezclando y generando la atmósfera necesaria para llevarte al planteamiento sobre el hombre, que para mi es lo más importante ahí. Además es excelente la música que acompaña y apoya al texto, la reiteración de notas en la melodía, que ayudan a esa sensación de enumerar y el sentido de queja, tristeza y melancolía que transmite en las otras partes. 
Este arreglo a continuación, con los susurros, la atmósfera, la interpretación de Liliana Herrero es muy acertada y nos conduce hacia toda la idea de la confidencia del viento, el aprendizaje y exteriorización de esta experiencia. 

 Las realidades, los lutos, lo que nos sucede en la vida, tenemos que afrontarlos, creo que es lo mejor que nos deja esta confesión del viento. 






CONFESIÓN DEL VIENTO


El viento me confió cosas 
que siempre llevo conmigo, 
me dijo que recordaba 
un barrilete y tres niños; 
que el sauce estaba muy débil, 
que en realidad él no quiso, 
que fue uno de esos días 
que todo es un estropicio. 

Me dijo que los pichones 
a veces de apresurados 
caen al suelo indefensos 
y él no consigue evitarlo. 
Me habló de arenas de agosto, 
de cartas de enamorados, 
del humo en las chimeneas, 
del fuego abrazando el árbol. 

Iba cargado de culpa 
y seguía confesando. 
En su lomo de distancias 
no cabalgaba ni un pájaro. 
Era un fantasma ese viento, 
un alma en pena penando 
y en ese telar de angustias 
tejió sus babas el diablo. 

Me dijo que recordaba 
que en realidad él no quiso, 
a veces de apresurados, 
un barrilete y tres niños. 
Me habló de arenas al cielo 
y chimeneas al piso, 
de cartas de enamorados, 
que todo es un estropicio. 

Era un fantasma ese viento, 
tejió sus babas el diablo, 
iba quebrado de culpa 
y no consigue evitarlo. 
En ese telar de angustias 
el fuego abrazando el árbol, 
el sauce estaba muy débil 
y seguía confesando. 

Le pregunté por las chapas 
del techo de los de abajo, 
Dijo: “el hombre ha de luchar 
para conseguir los clavos 
en vez de hincarse a rezar 
para olvidar sus quebrantos 
o de sentarse a esperar 
regalos eleccionarios”. 

Me sorprendió la respuesta 
pero no quise atajarlo, 
pues cuando lleva razón 
vaya!, vaya quién quiere pararlo!

Era un fantasma ese viento, 
era un fantasma....
El viento me confió cosas que siempre llevo conmigo.. 

El viento me confió cosas 
Que siempre llevo conmigo, 
Que siempre llevo conmigo.

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